Historia

Orígenes prehispánicos

Valley of México, plano panorámico con los principales asentamientos prehispánicos al tiempo de la conquista. Fototeca Culhuacán / CC – 92, de la CNCA-INAH-Méx.

La historia de nuestra actual Delegación se remonta a la época prehispánica. Los nombres de varios ríos, calles, avenidas y colonias son prueba de la existencia de los antepasados indígenas en la zona.

Los territorios de la Delegación se situaron dentro de la cuenca limitada por las sierras del Ajusco, al sur; de Pachuca, al noroeste, y de las Cruces, al suroeste. Los ríos limítrofes de la delegación fueron: al norte, el de la Piedad —formado por los ríos de Tacubaya y Becerra— y al sur, el río Churubusco, cuyo caudal recibía las aguas de otros (el Mixcoac, el San Ángel, el Magdalena y el Eslava).

Algunos hallazgos realizados en la Delegación evidencian su origen teotihuacano y mexica, y se localizan en Mixcoac, Actipan, Tlacoquemécatl, Xoco, Portales, Ticomán, La Piedad, Ahuehuetlán, el barrio de San Juan, San Pedro de los Pinos, Acachinaco (Nativitas), y sitios donde hoy existen estaciones del Metro, como la de Zapata.

Cercano a Mixcoac, destaca el monumento prehispánico que aún existe en la Delegación: el basamento piramidal de San Pedro de los Pinos dedicado al dios Mixcoatl. Ésta es la única prueba arqueológica que poseemos de la Delegación y fue descubierta en 1916 por Don Francisco Fernández del Castillo.

Hacia 1935, en algunos pueblos de la Delegación (como en Xoco y Santa Cruz), se encontraron piezas de cerámica, cuchillos de pedernal y obsidiana, y tepalcates; figurillas de pastillaje, típicas del Arcaico, algunas con características teotihuacanas, aztecas, totonacas, y varias idénticas a las de Chupícuaro.

El sitio exacto del descubrimiento fue el montículo conocido como El Cerrito. Cercano a Xoco, se localiza el pueblo de Atoyac, donde se dice fue encontrado un ídolo prehispánico en la época colonial, que fue destrozado por los españoles. Respecto a Santa Cruz, se sabe que fue construido sobre un poblado prehispánico, sobre todo si se toma en cuenta el ídolo de Tláhuac, que fue encontrado en este lugar cuando se levantaba la Iglesia del mismo nombre.

Durante su peregrinación, los mexicas dejaron signos de su cultura; uno de éstos fue el rito y culto a Huitzilopochtli (dios guerrero e inventor del fuego), y otro, fue la organización política, social y económica.

De la Colonia a la Reforma

En 1522, Carlos V nombró a Cortés gobernador y capitán general de la Nueva España. De inmediato, sus soldados se dieron a la tarea de construir sobre las ruinas la nueva Ciudad de México. De esta nueva encomienda  se encargó Alonso García Bravo, quien siguió los modelos urbanísticos españoles del siglo XVI. El trazo se compuso de un cuadrángulo (con un área de 2.5 km2), cruzado de calles rectas y rodeado por acequias.

Por otra parte, para que Cortés tomara posesión del Marquesado del Valle —otorgado por la Corona española en 1529, y en reconocimiento a los servicios prestados durante la Conquista—, hubo mucha resistencia por parte de los miembros de la Segunda Audiencia de México, quienes tenían encomiendas y granjerías en Coyoacán y Tacubaya. Alegaban que estas tierras, por su cercanía con la Ciudad de México, no debían formar parte de las propiedades del conquistador. Así pues, hicieron llegar su propuesta al Consejo de Indias, pero éste falló a favor de Cortés. El señorío de Coyoacán quedó en forma permanente ligado al Marquesado del Valle hasta su desaparición.

En el siglo XVIII, el territorio de lo que hoy es la Delegación Benito Juárez abarcaba los pueblos de Santo Domingo, Mixcoac, La Piedad, Santa Cruz Atoyac, Actipan, San Juan Maninaltongo, Santa María Nonoalco y Xoco; los barrios de La Candelaria, Santo Tomás Tecoyotitla y Atepuxco; los ranchos de San José y Santa Cruz, así como las haciendas de Los Portales, San Borja y la de Nalvarte (Narvarte), y los ejidos de San Simón, Santa Cruz, de la Piedad y el de San Andrés de las Ladrilleras.

Por otro lado, desde finales de la época colonial, los obrajes de telas no funcionaban; en cambio, en nuestra Delegación, la industria ladrillera había aumentado enormemente. Esto se debió a la creciente demanda de ladrillos por parte de la Ciudad de México y a la cercanía de nuestra Delegación al mercado capitalino.Así, en 1855, funcionaban 10 ladrilleras en esta zona. Ello significó que muchos vecinos en se convirtieran en obreros, principalmente, los que perdieron sus ejidos. A la vez, esparcidas en el antiguo pueblo de Mixcoac y sus pueblos y barrios circundantes, funcionaron numerosas ladrilleras como la de Xoco, San Andrés, La Piedad y la que funcionaba en lo que hoy es el Parque Hundido. Sin duda, las industrias de tipo artesanal más importantes de la Delegación, fueron la ladrillera y la de textiles.

Las formas de propiedad introducidas por los conquistadores afectaron a la propiedad comunal. Aunque el calpulli indígena fue mantenido por la Corona española, en la práctica cotidiana los indios se vieron perjudicados por las invasiones de tierras, debido a la codicia de los nuevos pobladores y a la deficiente delimitación de las tierras comunales. Así surgieron numerosos pleitos de tierras entre los comuneros y los rancheros de esta zona.
Cortés tenía Señorío jurisdiccional en las tierras del marquesado. Él era quien nombraba a las autoridades civiles dentro de sus dominios, por ello los pueblos, haciendas, tierras comunales y ranchos que conformaban lo que era nuestra Delegación, estuvieron sujetos al Corregimiento de Coyoacán, de quien dependían desde el punto de vista administrativo y judicial, hasta la disolución del Marquesado del Valle decretado por el rey de España en 1810.

Ello trajo como consecuencia que, durante los casi tres siglos de vida del Marquesado, nuestra actual Delegación no tuviera vida autónoma ni dependiera de la Ciudad de México, como sucedió después.
En cuanto al trazado de la ciudad, dentro del cuadrángulo construido por García Bravo, sólo se permitió habitar a los españoles. Fuera de él, lo harían los indígenas ubicados en cuatro barrios, cuyos caseríos conformarían los callejones y callecillas típicas de la periferia colonial. La fisonomía de la Ciudad de México, hasta bien entrado el siglo XIX, estuvo determinada por ese diseño, del cual hasta hoy quedan vestigios.

Durante buena parte del siglo XIX la actual área delegacional quedó incorporada a Tacubaya; Mixcoac era la cabecera municipal. En el renglón judicial pertenecía al juzgado de San Ángel, y desde el punto de vista económico, dependía de la Ciudad de México; sus excedentes de cereales, frutas, flores y pulque se vendían aquí; los textiles, principalmente destinados al mercado capitalino, también eran llevados al extranjero.

Por otra parte, en el transcurso de tres siglos de colonizaje, la inconformidad entre los criollos de la clase media por la discriminación política, económica y social a que los tenía sometidos el gobierno virreinal creció en forma considerable. Y se consumó la independencia de México en 1821. Las tierras comunales subsistieron, conservándose sólo algunas cuyos títulos de propiedad fueron revalidados y legalizados por algún gobierno.
Otros terrenos importantes fueron los potreros, que se asignaban para el pastoreo de ganado. Éstos eran indispensables para alimentar a los animales que en ese entonces prestaban su fuerza para el transporte.

En el siglo XIX el país se sumió en el caos y la anarquía, producto de las guerras internas entre conservadores y liberales. Y el bandolerismo, el mal social heredado de esos escenarios militares, sentó sus bases en el área delegacional; de este fenómeno dejó constancia la excelente novela de Manuel Payno, Los bandidos de Río Frío.
Tres años después, en la Constitución de 1824, se crea al Distrito Federal como capital y sede de los poderes republicanos y se establece su asiento en la Ciudad de México, dándole una extensión de 8.8 kilómetros.
Nuestra Delegación quedó al límite del territorio comprendido en el Distrito Federal, que se hallaba dividido en cuatro prefecturas, una de las cuales era Tacubaya, con cinco municipalidades: Tacubaya, Tacuba, Santa Fe, Cuajimalpa y Mixcoac.
Según una ley del 18 de abril de 1826, Coyoacán, Tlalpan, Xochimilco y Mexicaltzingo pasaron a pertenecer al Estado de México. Con ello se fraccionó por primera vez el Corregimiento de Coyoacán. Entre las vastas regiones concedidas al conquistador se incluyó al señorío de Coyoacán, dentro del cual estaba ubicada nuestra actual Delegación y los pueblos de Tacubaya, Coyoacán, San Ángel y San Agustín de las Cuevas (hoy Tlalpan).
Posteriormente, en 1847, la actual área delegacional fue el escenario de la lucha de las tropas mexicanas contra las fuerzas invasoras de Estados Unidos, que entraron a la ciudad por Padierna, venciendo a las filas aztecas para llegar a Churubusco. De ahí penetraron a la demarcación y, en la Ermita de San Antón —que se encontraba sobre la calzada de Tlalpan—, las baterías estadounidenses abrieron fuego contra la garita de Niño Perdido, el 12 de septiembre de 1847. Las tropas invasoras se apoderaron de la Hacienda de los Portales, de donde dispararon para distraer la atención del ejército mexicano y poder atacar Chapultepec al día siguiente. El 13 de septiembre, los soldados estadounidenses tomaron Chapultepec y entraron a la Ciudad de México un día después.
Un suceso más en el que el actual territorio de la Delegación participaría fue la llamada Guerra de los Tres Años (1858-1861). La hoy Delegación Benito Juárez tuvo una participación importante en el bando liberal tanto en Mixcoac, como en la colonia San Pedro de los Pinos. Los vecinos ayudaron a las tropas liberales, al mando del general Santos Degollado, a que tomaran la plaza de Tacubaya.

La Revolución

A partir de la segunda mitad del siglo XIX surgió una política colonizadora que apoyaba la subdivisión de la tierra en la Ciudad de México y sus alrededores. Durante el Porfiriato este fenómeno (en especial en el ámbito económico), repercutió en nuestra zona debido al fraccionamiento de haciendas, ranchos, ejidos, etcétera.

El área delegacional participaría en la guerra cuando, en junio de 1867, Porfirio Díaz sitió a Leonardo Márquez en la Ciudad de México. Márquez intentó romper el cerco el 9 de junio y fue detenido en el pueblo de La Piedad por Díaz.

En 1899, por decreto, se dispuso la municipalidad de México y 17 prefecturas municipales, entre las que estuvieron: Tacubaya, Mixcoac y General Anaya. Dentro de éstas quedaron comprendidos los territorios de nuestra actual Delegación; el gobierno del Distrito Federal quedó a cargo de un representante del ejecutivo.
Después, en 1903, se expidió la Ley de Organización Política y Municipal, que fraccionó al Distrito en 13 municipalidades. Con el decreto, una de las prefecturas fue la de Tacubaya, con los siguientes municipios: Mixcoac, Santa Fe, Cuajimalpa y el pueblo de Tacubaya. Con esta ley, Tacubaya y Mixcoac quedaron como dos municipalidades distintas.

El pueblo de La Piedad era famoso también por su calzada, que lo unía con la Ciudad de México (la Quinta Monterde, que estaba sobre el camino al templo de La Piedad, hoy calzada Ermita), y algo más por su cementerio, donde se enterraba a la gente común, mientras que cerca de ahí, en el Panteón Francés, se sepultaba a los más adinerados.

Otros pueblos de vieja existencia como Nonoalco, Xoco, Actipan, San Simón Ticumac, Tlacoquemécatl y Nativitas se habían integrado a ranchos y haciendas de la municipalidad, pero entre 1909 y 1910 se empedraron las calles y se les puso nombre y número.

Gran parte de la nomenclatura de calles de la actual Delegación se debe a hombres y mujeres destacados de la época porfiriana. Médicos como Nicolás San Juan; abogados como Artemio de Valle Arizpe y José Linares; ingenieros como Gabriel Mancera; terratenientes y negociantes como Ignacio Torres Adalid y el italiano Vicente Ambrossi; periodistas como Manuel M. de Zamacona; poetas como Manuel Gutiérrez Nájera, Manuel M. Othón, Amado Nervo y otros. También de filántropos que donaron su fortuna para asilos, orfanatos y hospitales como Ernestina Larráinzar, Jesús Urquiaga, Miguel Laurent, Isabel viuda de Betti, Patricio Sáenz, Concepción Béistegui, etcétera. Personas que en aquel entonces, ya sea por su prestigio o condición socioeconómica, habitaban otros lugares y gozaban, la mayoría, de los beneficios de la época.

Pero la Delegación, aledaña al centro citadino, no estuvo al margen de la Revolución. Durante el maderismo, la actual delegación Mixcoac, fue el más beneficiado de los sitios; se le abasteció de agua potable a partir del suministro de El Olívar, pues el de Xochimilco estaba destinado para la zona de Santa Fe. Por otro lado, se atendió su solicitud para el arreglo de la sala de cabildos y fachada del Palacio Municipal.

Al albor del huertismo, el sonar de las botas y los fusiles militares fueron escuchados por los vecinos de la actual Delegación; la marcha de los alumnos de la Escuela Militar de Aspirantes (ubicada en la Calzada de Tlalpan) se dirigía a unirse a Bernardo Reyes, Félix Díaz y Manuel Mondragón. Varios de los cadetes habían partido de Tacubaya.

Entre los periodos de Carranza, Obregón y Huerta, la actual Delegación atrajo su atención. Por ejemplo, se tomó en cuenta la solicitud de los habitantes de supervisar el traslado y entrega de objetos (de la Colonia) del Templo de la Piedad, debido a que éste sería reparado. En especial con Carranza, San Pedro de los Pinos fue registrado como pueblo perteneciente a la delegación de Tacubaya, y empezó a tener los servicios urbanos necesarios.

Para noviembre de 1914, el gobierno de Carranza ya se había establecido en Veracruz y el avance de los convencionistas hacia la Ciudad de México marcaba un momento crucial. En aquel entonces, el constitucionalista y agrarista Lucio Blanco resguardaba la Plaza de México, pero el avance de los zapatistas le obligó a abandonarla.

Zapata y sus seguidores se posesionaron de Xochimilco, Tlalpan, San Ángel, Mixcoac y Tacubaya.

Aunque nada más estuvieron un día en Mixcoac, Tacubaya y otros lugares, los vecinos de nuestra actual Delegación debieron sorprenderse por el despliegue de sus fuerzas. Ya para 1917, promulgada la Constitución, se decretó a la Ciudad de México como la capital de la República Mexicana.

Siglo XX

Nuestra Delegación fue vinculada cada vez más a la Ciudad de México en los primeros años del siglo XX, y surgieron en el territorio que nos corresponde una ola de fraccionamientos con características a veces anárquicas. Se disponía de calles y avenidas sin tener la aprobación oficial ni el reconocimiento de lotes ya demarcados. El gobierno, al tomar cartas en el asunto, controló a los interesados para aprobar o negar sus solicitudes, pues los gastos de urbanización correspondieron al municipio. Por otro lado, se dejó fraccionar, con la mira de crear colonias campestres —es el caso de la colonia Del Valle—, y se llegó al extremo de indemnizar al fraccionador.

Entre las principales colonias que se crearon en nuestra actual Delegación estaban la Del Valle, la California, la Berlín, la Carrera Lardizábal, La Laguna y El Zacate (esta última afectaba al barrio de Actipan).

De los productos locales siguieron teniendo importancia el pulque y las flores y frutos de las huertas, a cuyo cultivo se dedicaba buena parte de la población. Como en épocas anteriores, esos lugares serían los sitios de paseo predilectos de los capitalinos.
Por otra parte, la introducción de los tranvías favoreció el acceso a esas localidades.

En la década de los veinte se aumentó la actividad en Mixcoac, Tacubaya, San Pedro de los Pinos, Actipan, El Zacate, Narvarte, etcétera.

El transporte desplazó a las calandrias y tranvías eléctricos. La gente se veía cada vez más agitada por el acelerado ritmo de crecimiento y el ruido incesante.
Entre 1920 y 1924 se otorgó la nomenclatura a las calles de Eugenia y Félix Cuevas. La primera se debió a la señora Ojeda de Castelló, esposa del director del Banco Nacional de México, don José Castelló. Ellos vivían en la Quinta Eugenia, sita entre la avenida Coyoacán y dicha calle. La segunda, se relaciona con el fundador de un centro escolar para niños pobres —el Rafael Dondé— que empezó a funcionar en 1922. La calle corresponde al viejo camino que unía a Santa Cruz con Mixcoac.

Crecen entonces las colonias Del Valle, San Pedro de los Pinos, Moderna, Portales, Santa Cruz, Álamos, Niños Héroes, Independencia (que en su ampliación dio origen a la Del Periodista) y La Piedad, (que desde 1940 se llamó Piedad Narvarte); hacia 1929 casi todas éstas gozaban de servicios urbanos.

En el terreno legal, en 1928 surge la Reforma que suprime el Régimen Municipal del Distrito Federal. La ciudad contaba, en aquel entonces, con 17 municipalidades que nos correspondían de acuerdo con nuestros límites. El Congreso aprobó esa ley promovida por el Ejecutivo; ley que con fecha 31 de diciembre, establecía la creación de un Departamento Central y 13 delegaciones. Dentro del Departamento Central quedaban incluidos: México, Tacuba, parte de Ixtapalapa, Guadalupe Hidalgo y Azcapotzalco, y los territorios de la actual Delegación, que correspondieron al Departamento Central y al municipio General Anaya.

Los terrenos comprendidos dentro de la Delegación Benito Juárez, quedaron, una parte dentro del Departamento Central y, la otra, como parte de la delegación General Anaya (1928), cuya cabecera estaba en la colonia Portales, en el lugar en que está la estación del Metro del mismo nombre.
Durante el cardenismo, el alcance de la protección al ejido ya era inoperante en estos territorios. Para entonces, los ejidos eran considerados, por ley, como colonias en proceso de urbanización, paralelo al crecimiento demográfico.

Y con el fin de hacer más expeditas las demandas de vivienda y servicios, se fraccionó el territorio denominado Ciudad de México —que existía desde 1941— en sólo cuatro delegaciones, entre éstas, la Delegación Benito Juárez. Surgieron además la Cuauhtémoc, la Venustiano Carranza y la Miguel Hidalgo.

En 1941 fue reformada nuevamente la división política del Distrito Federal, el cual fue dividido ahora en 12 partes; la mayor de ellas comprendió el área denominada Ciudad de México, Tacubaya y Mixcoac.

Es imprescindible anotar que, en esta fecha, desapareció la delegación General Anaya —creada con la reforma de 1928—, cuyo territorio pasó a formar parte de la hoy Delegación Benito Juárez y de la de Coyoacán.

Lo más notable del decenio que va de 1950 a 1960 es que el área delegacional dejó de ser de las afueras de la ciudad y paso a convertirse en parte de su centro.
Hacia 1950 surgió un proceso de desconcentración en la Ciudad de México, que se manifestó en el surgimiento de áreas residenciales más al sur, como San Ángel, El Pedregal, Coyoacán y Tlalpan. Así, nuestra Delegación dejó de ser el límite al que llegaba la ciudad hacia el primer tercio del siglo XX, para convertirse en parte nuclear de ella.

En contraste con estas colonias, habitadas por gente de mayores recursos —cuyas construcciones estaban hechas con conceptos urbanísticos y arquitectónicos de nuestro siglo—, destacan algunos de los pequeños pueblos que quedaron incrustados como lunares en la Delegación Benito Juárez. Las colonias que le circundan están formadas por verdaderas callejuelas angostas y retorcidas; existen en ellas viviendas más sencillas, donde quizás todavía habitan algunos de los descendientes de los antiguos pobladores y de los recientes inmigrantes rurales.
Otros poblados, como Mixcoac, San Juan, San Simón Ticumac, San Pedro de los Pinos, Actipan y Nonoalco todavía conservan parte del sabor del pasado en el trazo de sus calles y en algunas de sus construcciones y plazas. Las colonias Postal, Álamos, o Portales son un producto vivo del crecimiento urbano posrrevolucionario; fueron planificadas para satisfacer la demanda de vivienda de la clase media de menos recursos.

A partir de 1950, el crecimiento urbano sentó sus bases reales sobre esta zona. En lugar de casas, la tendencia fue construir edificios con departamentos (así lo comprueban las edificaciones de la colonia Nápoles): día con día se impusieron las torres sobre las viviendas unifamiliares, las casas solariegas y las vecindades.

Dirección

Municipio Libre esq. División del Norte, Col. Santa Cruz Atoyac, CDMX.

Teléfono

Alcaldía: 55-5422-5300
Emergencias: 911